Papa: Es extraño; me agaché a recoger un libro y al levantarme me dió una puntada en la cintura. Papá: Bueno, ¡y qué! A mi edad no voy a pensar que estoy viejo. Debo haber pescado una corriente de aire. Papá: ¡Claro, eso fue! Seguramente alguien dejó una puerta abierta y sin darme cuenta... Papa: ... entraron treinta y siete años.