Mafalda: Hola, Susanita, venía a ver si podías prestarme tu aguja de enhebrar collares. Mafalda: Podría haberme comprado una, pero la necesito por ésta sola vez y me acordé que vos tenías. Mafalda: Así que me dije: "Bueno, al final, ¿para qué están los amigos?" Susanita: ¿Para qué era que estaban?